Reflexiones sobre marca personal en gastronomía:
La marca personal es un concepto que ha ganado fuerza en los últimos años, especialmente en el mundo digital. Pero, ¿qué significa realmente? ¿Es solo una estrategia para venderse mejor o hay algo más profundo detrás?
Mientras leía Marca Personal para Dummies de Andrés Pérez Ortega, me encontré con ideas que resonaron mucho con lo que vivimos en la gastronomía. La forma en que nos perciben, cómo dejamos huella en los demás y el impacto de nuestra reputación profesional no son cuestiones superficiales. Se trata de algo inevitable:
“Si no te etiquetas, te etiquetan.”
Tu marca personal ya existe, la gestiones o no
Uno de los conceptos más interesantes del libro es que la marca personal no se crea, se descubre. No es algo inventado para encajar, sino el reflejo de lo que hacemos, cómo lo hacemos y cómo nos ven los demás.
Pérez Ortega lo explica con la metáfora de Miguel Ángel:
“Lo que realmente hacía al esculpir era quitar el mármol que sobraba hasta dejar al descubierto una obra de arte.”
En gastronomía, este concepto encaja perfectamente. Un chef no “crea” su estilo de cocina de la nada, sino que lo encuentra a medida que experimenta, aprende y refina sus habilidades. Lo mismo ocurre con la marca personal. No se trata de hacer una versión falsa. Se trata de quitar lo que sobra y mostrar lo mejor de ti.
El poder (y el riesgo) de una etiqueta
Volvamos a la frase inicial: Si no te etiquetas, te etiquetan.
En el mundo laboral, las etiquetas pueden abrir puertas o cerrarlas. ¿Eres “el chef de postres”, “el maestro del asado”, “el bartender de cócteles innovadores”? Puede parecer reduccionista, pero esa es la forma en que funciona la mente humana. Nos clasificamos constantemente unos a otros.
El problema es cuando permitimos que esas etiquetas nos definan por completo o, peor aún, dejamos que otros nos pongan una etiqueta equivocada. El libro advierte sobre esto:
“Aunque no puedas meterte en la cabeza de quienes te clasifican, debes esforzarte en que lo que perciben de ti sea lo más parecido a lo que eres en realidad.”
En gastronomía, esto es clave. ¿Cuántas veces alguien ha sido encasillado en un solo rol y ha tenido dificultades para demostrar que puede hacer más? Un cocinero que siempre ha trabajado en parrilla quiere cambiar a la pastelería, puede encontrar resistencia porque su entorno ya lo ha etiquetado.
Gestionar nuestra marca no significa manipular la percepción de los demás, sino asegurarnos de que refleja quiénes somos realmente.
La marca personal como filtro de confianza
¿Por qué existe la marca personal? ¿Por qué es tan relevante en un mundo donde los títulos, la experiencia y el portafolio deberían ser suficientes?
El libro lo explica de una manera brillante:
“Si todo fuese transparente, no harían falta marcas. Cuando hay que escoger entre una persona u otra para un empleo, para que cuide de tus hijos o para quedar con ella por primera vez, la marca personal cumple esa función: reduce la desconfianza y ayuda a escoger.”
Es cierto. En un sector tan saturado como el gastronómico, donde hay miles de chefs, sommeliers, baristas y reposteros talentosos, la confianza es un factor decisivo. Los clientes, empleadores y colegas buscan señales que les ayuden a tomar decisiones: ¿a quién contrato? ¿Con quién colaboro? ¿A quién sigo en redes sociales?
La marca personal no es solo un capricho o una moda. Es un mecanismo que nos ayuda a navegar en un mundo donde las opciones son infinitas y el tiempo para evaluar a cada persona es limitado.
Destilar lo mejor de ti (sin volverte un personaje)
Uno de los puntos más interesantes del libro es la comparación entre la marca personal y el perfume. Pérez Ortega menciona “El Perfume “, la novela de Patrick Süskind. El protagonista busca crear el aroma perfecto destilando la esencia de las personas (de manera bastante macabra, claro).
El personal branding, dice el autor, es algo parecido, pero sin la parte tétrica:
“Se trata de destilar lo mejor de uno mismo y darlo a conocer.”
Es decir, la idea no es inventar una personalidad atractiva para gustar a todos, sino encontrar qué nos hace únicos y resaltarlo. Aquí hay un matiz importante: no se trata de volverse un personaje. No se trata de exagerar una faceta de ti mismo para encajar en una imagen prefabricada.
Muchos profesionales cometen el error de construir una identidad en redes sociales que no tiene nada que ver con su realidad. Se presentan como expertos cuando aún están aprendiendo, como creativos cuando solo replican tendencias, como apasionados cuando en realidad solo están buscando likes.
Pero la marca personal no es un disfraz. Si intentas construir una imagen que no es auténtica, tarde o temprano se notará. Y lo peor que puedes perder en este mundo es la confianza de los demás.
Dejar huella es una cuestión de valor, no de ego
Construir una marca personal no significa volverse egocéntrico o buscar reconocimiento a toda costa. El libro lo deja claro:
“Cuando piensas en ti como alguien que deja huella y trabajas para aumentar el valor de lo que ofreces, elevas tu autoestima, este es un proceso positivo y proactivo, y obtienes resultados que puedes medir. Si eres bueno, ganamos todos.”
Este punto me parece fundamental. La marca personal no debería ser vista como un ejercicio de autopromoción vacía, sino como una manera de aportar valor. Si eres bueno en lo que haces y logras que otros lo perciban, no solo te beneficias tú, sino también quienes trabajan contigo, tus clientes y hasta la industria en general.
Un chef con una buena marca personal puede inspirar a otros. Un pastelero con un enfoque claro puede enseñar a sus clientes sobre ingredientes de calidad. Un bartender que se comunica bien puede mejorar la cultura de la coctelería.
No se trata de ser famoso, sino de hacer que lo que ofreces sea visible y útil.
La marca personal no es una opción. Nos guste o no, dejamos una impresión en los demás con cada cosa que hacemos. La pregunta es: ¿vas a dejar que otros definan quién eres o vas a tomar el control de tu propia historia?
El libro Marca Personal para Dummies no es una guía rígida sobre cómo “venderte” mejor. Es una invitación a reflexionar sobre quién eres, cómo te perciben y qué puedes hacer para que esa percepción sea fiel a tu verdadera esencia.
Así que la próxima vez que pienses en tu carrera en gastronomía, en tu presencia en redes o en cómo te ve la gente, recuerda:
No se trata de inventarte un personaje. Se trata de descubrir quién eres y permitir que los demás lo vean con claridad.
Foto de Cemrecan Yurtman en Unsplash
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