Errores en gastronomía: El verdadero camino hacia la experiencia

Hace unos días, mirando algunas historias en LinkedIn, vi una entrevista a un personaje famoso. Me llamó la atención y le saqué captura para guardarla.

El presentador le pregunta al invitado: “¿Cuál es el secreto de tu éxito?”

El otro personaje, presentado como CEO, le responde: “Decisiones correctas.”

El presentador, indagando más, pregunta: “Pero, ¿cómo podemos tomar decisiones correctas?”

CEO: “Con una palabra: experiencia.”

Presentador: “¿Y cómo se consigue la experiencia?”

CEO: “Dos palabras: decisiones equivocadas.”

Por qué los errores en gastronomía son clave para aprender

¿Quién no comete errores? Es la parte más importante del proceso. Si no haces, no te equivocas. Recuerdo que mi mamá siempre decía eso, y cuánta razón tenía.

Pero no fue hasta que crecí que lo entendí de verdad.

Cuando te equivocas, vas obteniendo experiencia. No importa si es buena o mala, sigue siendo experiencia. Lo importante es aprender. Si fallamos, ya sabemos qué camino no seguir.

Entonces, ¿en qué momento se empezó a creer que cometer errores es dañino?

Cómo convertir los errores en gastronomía en aprendizaje

Debemos separar algo:

Es diferente cometer errores por falta de conocimiento que por torpeza o desinterés.

“Esto está mal hecho”, me dijo alguna vez un jefe.

Bueno, enséñame cómo realmente se hace. Quédate a mi lado hasta que aprenda, y luego me dejas solo.

En gastronomía es muy común escuchar a los cocineros con más experiencia decir que quienes estudian no aprenden nada. Lo dicen con tono despectivo, como si la única forma válida de aprender fuera a los golpes. Curiosamente, muchos de esos cocineros son los mismos que no necesitan trapos para agarrar sartenes hirviendo. Su experiencia es innegable, pero el ego muchas veces les gana.

No dan pasos en falso. Y adivinen cómo llegaron a aprender eso: caminando, haciendo, equivocándose.

Dos formas de enfrentar la experiencia

He trabajado con dos tipos de cocineros:


  1. El que no enseña: Prefiere demostrar que sabe más que los demás. No tiene paciencia, no corrige con intención de enseñar, sino con ganas de marcar errores.



  2. El que da consejos: No espera que aprendas por osmosis, sino que te guía. Es el que dice frases como esta que una vez me dijo un cocinero:


“Cuando vayas a algún lado, siempre tenés que llevar o traer algo. No importa qué. Si no lo hacés, algo estás haciendo mal.”

Parece un detalle menor, pero en plena cocina, cuando hay mucha demanda, cada movimiento cuenta. Reducir pasos es clave para que todo fluya mejor. Llevar algo tan simple como una cuchara a lavar puede marcar la diferencia.

Errores en gastronomía: una oportunidad de crecimiento

El problema no son los errores. El problema es cuando los ignoramos o dejamos que el ego nos impida aprender de ellos. La experiencia se construye a partir de fallas, pero solo si estamos dispuestos a convertirlas en aprendizaje.

Así que la próxima vez que te equivoques en la cocina, pregúntate: ¿qué puedo aprender de esto?

Porque, al final, la verdadera diferencia entre un cocinero bueno y uno excelente no es cuántas veces acertó, sino cuántas veces aprendió de sus errores.

Foto de Unsplash

Categorías: Historias

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